La identidad sonora de marca —el logo de audio, la música de una campaña, el tono de una notificación— empieza a pasar por herramientas de IA. La cobertura de esta semana pone el foco en un riesgo que rara vez se menciona en la promoción de esas herramientas: una pista generada íntegramente por IA no tiene copyright y cae en dominio público.
El segundo riesgo es más silencioso. Como los modelos de audio entrenan con catálogos enormes ya existentes, el resultado puede sonar demasiado parecido a algo que ya existe, sin que quien lo genera lo note hasta que alguien más lo señale.
La práctica que ya usan estudios de sonido evita ambos problemas: no generar la pista desde cero, sino partir de una composición propia y dejar que la IA explore variaciones de estilo sobre ese material. La autoría queda donde empezó, y la IA solo quita la fricción de producir cada variante a mano.
Eso deja fuera a la IA como sustituto del criterio: sin oficio de música ni conocimiento de marca detrás, el resultado no construye identidad sonora, solo genera sonido. La pieza lo resume así: la IA quita fricción, no criterio.
Para Lucía, la pregunta que vale esta semana antes de generar un logo sonoro con IA no es qué tan rápido sale, sino de quién es la pista de partida.
