Christopher Nolan definió la IA como caballo de Troya en la promoción de "The Odyssey": todo el mundo sabe, dijo, que los griegos están dentro. Lo dijo en una entrevista con el youtuber francés Hugo Travers, publicada el 19 de julio.
Nolan fue más allá: nunca había visto, dijo, una tecnología que avanzara tan rápido y fuera rechazada tan rápido y de forma tan completa por el público.
La prueba que cita es la reacción en su propia casa. Sus hijos, de diecinueve y veinte años, llaman "IA slop" a los vídeos de IA en cuanto los detectan, y los descartan sin más. Nolan lo llama "un escepticismo sano".
La misma semana, YouTube endureció su política de monetización contra el vídeo genérico y repetitivo hecho con plantillas o IA sin dirección editorial. Dos hechos distintos, un mismo patrón: la etiqueta "IA slop" ya tiene consecuencias, de audiencia y de negocio.
Para una marca, esto no es un argumento contra usar IA en producción, es un argumento contra usarla sin que se note el criterio detrás. Nolan se define "techno-escéptico", no tecnófobo: la sospecha, dice, hay que dirigirla también a quien ofrece la tecnología, no solo a la tecnología en sí.
Antes de aprobar una pieza con IA muy visible esta semana, vale la pena preguntar quién la va a ver primero. Si la respuesta es un público que ya sabe reconocer y rechazar "IA slop", el criterio editorial detrás de la pieza pesa más que la herramienta usada para producirla.
