El artículo 50 del Reglamento de IA de la Unión Europea entró en vigor el 2 de agosto y activa el etiquetado de contenido IA en todo el territorio europeo. Obliga a marcar como generado o manipulado por IA cualquier imagen, vídeo, audio o texto sintético dirigido al público. La norma no distingue por sector: aplica a cualquier marca que publique en la UE.
El marcado debe ser legible por máquina, no solo un aviso visible al ojo humano. Un deepfake tiene que identificarse como artificial de forma explícita. Un texto generado para informar al público también necesita marca, salvo una excepción concreta.
Esa excepción es lo que no sale en los titulares: si una persona revisa y controla editorialmente el resultado, el texto queda fuera de la obligación de marcado. La norma no penaliza usar IA. Penaliza publicarla sin que nadie la haya revisado antes.
Para Lucía, esto significa auditar el flujo de aprobación antes de sacar cualquier pieza con voz, cara o texto generado. Para Pablo, dejar rastro de qué revisó a mano y qué no. El brief ya no termina en el render, termina en quién firmó el control humano.
La fuente no detalla multas ni cómo se aplicará el marcado técnico dentro de plataformas de terceros como Instagram o TikTok. Vigilan la Oficina de IA, el Supervisor Europeo de Protección de Datos y las autoridades nacionales, pero el mecanismo de sanción concreto todavía no está escrito.
Antes de publicar la próxima pieza con voz clonada, avatar o imagen generada, confirma quién dio el visto bueno editorial y déjalo documentado. Es la diferencia entre cumplir la norma y descubrir la multa por sorpresa.
