Google desactivó la generación de imágenes con IA en Google Earth solo días después de activarla. La función, llamada Nano Banana, dejaba escribir una descripción sobre cualquier punto del mapa y generar ahí mismo una imagen satelital sintética. Duró del 31 de julio al 3 de agosto.

Lo que se vio no fue creatividad de marca, fue manipulación de evidencia. Usuarios generaron la Torre Eiffel derribada en París, una planta nuclear ficticia en Irán, un hospital falso con cráter de bomba en Gaza y aviones estrellados contra rascacielos de Manhattan. Todo sobre coordenadas reales, con la textura exacta de un satélite de verdad.

Google respondió que confía en la marca de agua digital SynthID para distinguir lo real de lo generado. El problema es que esa marca puede eludirse, y varios usuarios lograron que Gemini certificara como auténticas imágenes que no lo eran. La empresa pausó la función mientras trabaja en, en sus palabras, guardarraíles más fuertes.

Para producción de marca, la lección no es sobre Google Earth en concreto. Es sobre cualquier herramienta que mezcle imagen generada con una fuente que el público asume verificada: un mapa, una foto de producto con contexto real, un render de ubicación de tienda. La consistencia visual ya no basta si el contexto es el que engaña.

Ana y Lucía pierden, de momento, un recurso rápido para moodboard de campaña sobre ubicaciones reales. Pablo pierde una vía de exploración de concepto contra un lugar concreto sin salir del navegador. Ninguno pierde una herramienta imprescindible: pierden una opción que llevaba tres días disponible.

Qué vigilar: si la IA en Google Earth vuelve con marca de agua reforzada y sin opción de generar sobre ubicaciones sensibles, o si Google prefiere no reactivarla. Mientras tanto, cualquier generación sobre un fondo que el espectador asume real necesita decirlo de forma explícita, no confiar en un watermark que ya se demostró evadible.